Cuentos

La Ignorancia y los Exámenes.

Por W. Jomra

No hay nada mejor que llegar a un examen sin saber absolutamente nada, ustedes dirán que estoy loco, no pienso rebatir eso porque mi psicólogo no me recomienda que siga cometiendo asesinatos, por la condicional y tal, pero bueno, al tema, uno llega a la antesala de un aula justo minutos antes del examen y ve como todo mundo se hace preguntas en plan “¿qué tal lo llevas?”, “fatal, el último tema sólo lo he leído seis veces”, y todos nerviosos, algunos pidiendo aspirinas, fumando a más no poder para ver si así les baja el mono que tendrán durante el examen, y es cuando llego, ignorante de la vida totalmente, con una sonrisa en los labios, para joder, sí, para joder (las cosas como son, voy a reírme de ellos, no con ellos).

“¿Qué tal lo llevas?” (remplaza al “hola” antes de un examen), uno le mira y dice “no tengo ni idea de nada”, se sorprenden, te miran, se vuelven a sorprender (el estudiante medio no puede hacer dos cosas a la vez) “y por qué la sonrisa”, pero si está clarísimo, si no tengo ni idea no temo a nada, así que contesto, con la sonrisa “porque la ignorancia trae tranquilidad”, escuchas alguna risilla nerviosa y sigues a lo tuyo, ni preguntas ni hablas sobre la materia, ya que no sabes ni a qué examen te presentas, lo importante es participar, y eso lo sabes.

“¿Para qué vienes si no sabes nada?” Ojito, nunca he dicho que no sepa nada, que lo que sé no me sirva para este examen no significa que sea un ignorante de todo y no pueda divertirme en un examen, pero no es el punto, es cuando contesto “ya pagué la matrícula, habrá que amortizarla ¿no?” Eso y que el examen era en la tarde y en la tele no había nada y todos estudiando... vaya, que como no llame a un 906 no conseguiría con quien hablar que no estuviera agobiado.

Lo mejor es el momento del examen, es divertido, hagan la prueba de no estudiar y presentarse a un examen y quedarse el máximo tiempo posible, es que si uno sale por patas al comienzo del mismo no tiene gracia, ya que estás ahí es el momento de jugártela y ver que tan bien puedes inventarte respuestas, que por algo llevas tantísimos años resolviendo exámenes, algo se te ocurrirá.

Todo mundo nervioso, todo mundo viendo el examen, les sudan las manos y están casi encima de la hoja, realmente no tienen ni idea, como yo, pero intranquilos, eso resulta más o menos divertido, el sufrimiento ajeno puede resultar divertido en estas circunstancias, sobre todo cuando la gente entra en la fase religiosa “oh dios mío” escuchas por ahí y por acá, están a punto de rasgarse las vestiduras muchos de ellos, se ve que lo que han estudiado no ha caído. La gente no llora por vergüenza, fijo.

Ahí es cuando comienza la diversión, me despanzurro sobre el asiento y la mesa, pongo la hoja de preguntas algo lejos y las leo en voz baja, y me río tras cada una de ellas, es que los enunciados están como en chino, no los entendería nadie, estoy seguro que el profesor no sabe lo que pregunta, se burla de nosotros, burlémonos de él. “relacione tan con cual mientras díganos la naturaleza jurídica y las consecuencias de la misma de tal otra y los efectos sobre terceros, tanto de buena y mala fe”, pero bueno ¿en qué clase me he metido? No queda más que reírte, recuerdas a la madre del profesor, a su familia y a todos sus descendientes, entiendes ese momento religioso-orgásmico de la gente; y te ríes, que mal lo estarán pasando pretendiendo que podrían aprobar. Imposible.

Después del examen, tras dos horas de ver refunfuñar a la gente, de verles preguntar cosas a los profesores ante las cuales estos sonríen con malicia en plan “no tienes ni puñetera idea”, después de ver como todo el mundo sufre, el examen acaba, todos, quejándose del poco tiempo, se retiran de sus pupitres viendo como sus horas de horas de sufrimiento no ha servido para nada, que ese examen les ha pillado tan mal como a mí, con la diferencia que ellos han ido a aprobar y yo a pasármelo bien a su costa.

“Uf, que chungo”, “no me esperaba esas preguntas”, “así no hay quien apruebe” y pura pena por su parte, insisto, la gente se corta demasiado para llorar, se les ve las ganas de hacerlo. Y sonrío, de oreja a oreja, es como si hubiese ganado un premio en alguna lotería “¿tan bien te salió?”, miras al escéptico de turno, sonríes más aún “que va, me inventé absolutamente todo, en la tres le conté el comienzo del Quijote, por si cuela”, “no pues, no te pases, ¿y por qué sonríes?” Ahí te dan ganas de decirle “vengo a reírme de ustedes y lo he conseguido” pero te tranquilizas un poco, una cosa es reírse de otros y otra que se enteren, esto último es más bien impopular, así que hay que evitarlo, y de todas formas, la sinceridad limitada es buena “la ignorancia trae tranquilidad”, se ríen, “¿pero para qué vienes?”, acá todo se vuelve algo repetitivo y ya comienza a aburrir, además, les cuento, que he realizado un examen de 18 páginas a letra minúscula, total, que lean, que por algo he pagado la matrícula, y seguro que entre tanta burrada que la gente que sí ha estudiado, agradecerá, el profesor, otras burradas algo más originales.

La ignorancia, queridos lectores, trae tranquilidad (menos de cero en un examen de desarrollo es difícil sacarse), y te permite divertirte durante los exámenes, mejor, imposible.

 

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